Lindasam

El Vitara gris, crónica de un asalto frustrado

Posted on: agosto 8, 2006

Llegaba como costumbre a casa, luego de un largo paseo dominical. Al aparcar mi coche provisionalmente hasta abrir la puerta del garaje se nos adelantó un Vitara gris.

-Señor, podría usted moverse un poco hacia delante. Está obstruyendo el ingreso a mi garaje.
-Sí, claro.

Era un hombre bien vestido, de ojos verdes y tez blanca. Enseguida corrió un par de metros su vehículo. Parqueamos.

Cuando nos aprestábamos a bajar de mi Kia Sportage, se nos adelantaron varios tipos (3 o 4) de mala facha que venían en el Vitara. Uno de los pasajeros acomodó mejor el revólver en su espalda. Enseguida busqué el número de placa y solo encontré un cartelito que decía: Importado por E. Maulme. Sólo alcancé a decir: ¡VÁMONOS!

Las llantas chillaron contra el pavimento.

Decidimos tomar distancia para estar seguros de lo que sucedía. Dimos la vuelta a la manzana y los vimos de pie frente a mi casa, amparados por la sombra de los árboles de ficus; luego unos metros más allá y luego más acá. No tenían ganas de irse.

Llamé a mi hermana que estaba sola dentro de casa. Ella había corrido a abrirme la puerta en cuanto escuchó el motor de mi carro, segundos antes de arrancar a toda prisa del lugar. En escasas dos o tres palabras, la había enviado de vuelta al interior de la casa. Más tarde mi llamada la advirtió de no asomarse ni a las ventanas.

Pasé de largo y a toda prisa por el frontón de mi casa. Me di cuenta que ahora el Vitara tenía número de placa. Allí me decidí a ir en busca del PAI más cercano.

De camino encontramos a un patrullero. Le di santo y seña de los sospechosos. Los guiamos hasta estar a pocos metros de casa y luego nos alejamos a otra ciudadela. Vía celular mi hermana me decía que había gran alboroto, los policías, fuertemente armados, intentaban registrar el vehículo sin obtener mucha colaboración por parte de los sujetos que ya se habían atrincherado en él.

Una señora salió entre los curiosos diciendo que era “tía” de los señores, que la estaban visitando. Respecto de las armas encontradas, todas tenían el permiso. Y lo de la placa fue lo que menos concitó la atención, aparentemente jamás serían sancionados por no portarla ya que unos de los “sobrinos” había sido vigilante de tránsito en otras épocas.

Entre buitres, digo bomberos no se pisan la manguera. No obstante, pasaron varios autos, motos y jeeps de la policía por mi calle durante el resto de la noche para asegurar la zona.

Esperé a buena distancia a que se terminara la visita a la tía, extraña visita de paso porque los infortunados sobrinitos no se bajaron del auto desde que la policía llegó y permanecieron allí la media hora que tuve que esperar hasta que decidieran retirase de mi casa.

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